El lanzamiento en 1981 del primer ordenador personal compatible de IBM
supuso la evidencia de que podría haber un mercado para la informática
doméstica. Los PCs provocaron que los 80 fueran años de
microinformática, y que la industria explorara con avidez cuáles de los
múltiples usos de un PC podrían llegar a ser adoptados por la mayoría de
la ciudadanía.
El tiempo ha demostrado que ciertamente casi todos hemos acabado usando un procesador de textos o una hoja de cálculo, y que por el contrario las bases de datos o los lenguajes de programación han quedado restringidos a expertos y profesionales de la informática.
Pero al principio no estaba tan claro cuáles serían las soluciones que acabarían siendo usadas por la mayoría de la población. Como procesador de textos aparecieron múltiples candidatos (LocoScript, DisplayWriter, WordStar, WordPerfect, Word…) y lo mismo pasó con las hojas de cálculo (Framework, Lotus 123, Quattro, Excel) o las bases de datos (dBase III+, FileMaker, Access). Pese a la sensación de velocidad que nos transmite la evolución de la tecnología, lo cierto es que el mercado y la sociedad tardaron más de 15 años en ponerse de acuerdo en cuáles serían las herramientas comunes al usar un ordenador.
El ganador se conoció en 1995 cuando Microsoft consolidó el liderazgo de su Office. El kit ganador fue Word, Excel y PowerPoint, pese a que todos ellos tenían competidores más eficaces (como por ejemplo WordPerfect) pero se acabó imponiendo la capacidad de integración entre ellos: copiar y pegar se hacía de la misma manera tanto en Word como en Excel.
Actualmente estamos viviendo un proceso muy parecido. La continua simplificación de los dispositivos y su reducción de costes ha demostrado que es razonable que toda la ciudadanía tenga acceso a la red y desarrolle actividad en ella. Y ahora la industria explora con avidez cuáles de los múltiples usos posibles van a ser usados de manera estable por la mayoría.
La red como plataforma de relaciones con nuestros conocidos, y ahí tenemos a Facebook (contactos personales), Linkedin (profesionales), Google+ (y sus círculos), Xing y un largo etcétera. La red como espacio donde publicamos nuestros textos (Blogger, WordPress…) o nuestros videos (YouTube, Vimeo…) o nuestras fotos (Picasa, Flickr, Instagram…), o como espacio de almacenaje donde guardar todo tipo de archivo (Dropbox, Google Drive, iCloud…), o como entorno colaborativo (wikis, Google Apps, Zyncro…) . Un inmenso maremágnum de propuestas, y para cada una de ellas una multitud de empresas que aspiran a liderar la categoría. Y aún no está claro ni qué necesitamos ni quién será el propietario de la mejor solución.
Y en eso andamos. La ciudadanía llegó a Internet de manera masiva aproximadamente en 2004-2005 cuando eclosionó el concepto de Web 2.0, se pusieron de moda los blogs y empezaron a proliferar propuestas como Wikipedia, YouTube o Twitter que facilitaban publicar y compartir en la red. De eso hace 7 ó 8 años, lejos aún de los 15 que hicieron falta para descubrir que el kit básico en ofimática sería Office: un procesador de textos, una hoja de cálculo, un programa de presentaciones y nada más.
Ahora estamos intentando descubrir cuál es nuestro paquete básico para movernos con solvencia en la red. Hace un par de años hubiéramos podido pensar que en ese kit estarían los blogs y los wikis, pero han perdido mucha fuerza. Por el contrario la han ganado las comunicaciones síncronas, con Skype y WhatsApp como máximos exponentes. Hemos visto fracasar los mundos virtuales de SecondLife y cómo ahora nacen propuestas alrededor de la realidad aumentada. Han naufragado ideas como el pregunta-respuesta de Quora, y emergen conceptos como el escaparate visual de Pinterest. A saber qué de todo esto va a perdurar.
Seguramente el paquete básico resultante será diferente para nuestros hijos (más orientados al ocio) que para nosotros (más orientados a usos profesionales), pero en cualquiera de los casos habrá que discriminar qué del actual caos es realmente esencial y cuál es el mejor proveedor para ofrecerlo. WordPerfect parecía el mejor procesador de textos pero al final ganó otro. Así pues, nadie garantiza que Facebook o Google deban ganar.
Si se repite lo mismo que sucedió con la microinformática, habrá un proceso de depuración en el que quedarán sólo algunas funcionalidades, y ganará el que las sepa integrar mejor. Aún faltan algunos años para saber cómo y para qué utilizaremos Internet, y no debemos descartar que incluso desaparezcan dominadores actuales como Facebook o Google, que se reposicionen algunos que ahora parecen descolocados como Amazon o IBM, o que se personen otros a los que no se les espera como ya sucedió con Apple cuando decidió atacar el mercado de la telefonía.
Internet es un recién nacido y aún estamos explorando cuáles van a ser sus usos, y cuáles van a ser los jugadores dominantes.
Autor: Genís Roca
El tiempo ha demostrado que ciertamente casi todos hemos acabado usando un procesador de textos o una hoja de cálculo, y que por el contrario las bases de datos o los lenguajes de programación han quedado restringidos a expertos y profesionales de la informática.
Pero al principio no estaba tan claro cuáles serían las soluciones que acabarían siendo usadas por la mayoría de la población. Como procesador de textos aparecieron múltiples candidatos (LocoScript, DisplayWriter, WordStar, WordPerfect, Word…) y lo mismo pasó con las hojas de cálculo (Framework, Lotus 123, Quattro, Excel) o las bases de datos (dBase III+, FileMaker, Access). Pese a la sensación de velocidad que nos transmite la evolución de la tecnología, lo cierto es que el mercado y la sociedad tardaron más de 15 años en ponerse de acuerdo en cuáles serían las herramientas comunes al usar un ordenador.
El ganador se conoció en 1995 cuando Microsoft consolidó el liderazgo de su Office. El kit ganador fue Word, Excel y PowerPoint, pese a que todos ellos tenían competidores más eficaces (como por ejemplo WordPerfect) pero se acabó imponiendo la capacidad de integración entre ellos: copiar y pegar se hacía de la misma manera tanto en Word como en Excel.
Actualmente estamos viviendo un proceso muy parecido. La continua simplificación de los dispositivos y su reducción de costes ha demostrado que es razonable que toda la ciudadanía tenga acceso a la red y desarrolle actividad en ella. Y ahora la industria explora con avidez cuáles de los múltiples usos posibles van a ser usados de manera estable por la mayoría.
La red como plataforma de relaciones con nuestros conocidos, y ahí tenemos a Facebook (contactos personales), Linkedin (profesionales), Google+ (y sus círculos), Xing y un largo etcétera. La red como espacio donde publicamos nuestros textos (Blogger, WordPress…) o nuestros videos (YouTube, Vimeo…) o nuestras fotos (Picasa, Flickr, Instagram…), o como espacio de almacenaje donde guardar todo tipo de archivo (Dropbox, Google Drive, iCloud…), o como entorno colaborativo (wikis, Google Apps, Zyncro…) . Un inmenso maremágnum de propuestas, y para cada una de ellas una multitud de empresas que aspiran a liderar la categoría. Y aún no está claro ni qué necesitamos ni quién será el propietario de la mejor solución.
Y en eso andamos. La ciudadanía llegó a Internet de manera masiva aproximadamente en 2004-2005 cuando eclosionó el concepto de Web 2.0, se pusieron de moda los blogs y empezaron a proliferar propuestas como Wikipedia, YouTube o Twitter que facilitaban publicar y compartir en la red. De eso hace 7 ó 8 años, lejos aún de los 15 que hicieron falta para descubrir que el kit básico en ofimática sería Office: un procesador de textos, una hoja de cálculo, un programa de presentaciones y nada más.
Ahora estamos intentando descubrir cuál es nuestro paquete básico para movernos con solvencia en la red. Hace un par de años hubiéramos podido pensar que en ese kit estarían los blogs y los wikis, pero han perdido mucha fuerza. Por el contrario la han ganado las comunicaciones síncronas, con Skype y WhatsApp como máximos exponentes. Hemos visto fracasar los mundos virtuales de SecondLife y cómo ahora nacen propuestas alrededor de la realidad aumentada. Han naufragado ideas como el pregunta-respuesta de Quora, y emergen conceptos como el escaparate visual de Pinterest. A saber qué de todo esto va a perdurar.
Seguramente el paquete básico resultante será diferente para nuestros hijos (más orientados al ocio) que para nosotros (más orientados a usos profesionales), pero en cualquiera de los casos habrá que discriminar qué del actual caos es realmente esencial y cuál es el mejor proveedor para ofrecerlo. WordPerfect parecía el mejor procesador de textos pero al final ganó otro. Así pues, nadie garantiza que Facebook o Google deban ganar.
Si se repite lo mismo que sucedió con la microinformática, habrá un proceso de depuración en el que quedarán sólo algunas funcionalidades, y ganará el que las sepa integrar mejor. Aún faltan algunos años para saber cómo y para qué utilizaremos Internet, y no debemos descartar que incluso desaparezcan dominadores actuales como Facebook o Google, que se reposicionen algunos que ahora parecen descolocados como Amazon o IBM, o que se personen otros a los que no se les espera como ya sucedió con Apple cuando decidió atacar el mercado de la telefonía.
Internet es un recién nacido y aún estamos explorando cuáles van a ser sus usos, y cuáles van a ser los jugadores dominantes.
Autor: Genís Roca
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